Planta de producción Nissan Tochigi

Una de las excursiones oficiales del programa JYPE que se hace todos los años es a la planta de producción de coches de Nissan en Tochigi, cerca de Nikko.


Entrada a la planta. A partir de ese punto estaba prohibido sacar fotos para evitar espionaje industrial.

 


Hiroko-san, una de las responsables de relaciones internacionales de la universidad al volante de un bonito deportivo. Nos acompañaban otras dos personas más de la universidad: el encargado del programa y una compañera de Hiroko. Aparte de ellos también estaban con nosotros el conductor, una mujer contratada por la universidad para organizar el viaje y la que creo que era ayudante del conductor. No has experimentado Japón hasta que no hayas oído a una japonesa rellenita, con una pronunciación perfecta, una voz de niña de 8 años y un simpático gorrito gritándole al conductor desde la parte posterior exterior del autobús algo así como “aaaaariii” “aaaaaariii” que debe querer decir: “vas bien”, “vas bien”.

 


Un coche bonito.

 


Otro coche bonito.

 


Foto de grupo. Hay estudiantes tanto del programa JYPE como de otros programas de estudiantes extranjeros de la universidad.

 

 

La fábrica me dejó asombrado. Aparte del tamaño y de su capacidad de producción (12000 coches mensuales cada una de las dos unidades de producción) el orden y la limpieza escrupulosa en su interior eran increíbles. La fábrica tenía ya habilitado un camino de color verde pintado sobre el suelo para visitas guiadas. En algunas zonas descendía para poder ver por ejemplo cómo se introduce el motor en un coche desde abajo. En otras subía por escaleras para ver cómo se pintan o se montan ciertas piezas. Pero lo que más me llamó la atención fueron dos cosas: lo primero que había muchas mujeres no trabajando en oficina sino moviendo puertas, dando puñetazos a algunas partes para comprobar que estaban bien montadas, soldando, etc y lo segundo fueron unos robots que usaban para transportar materiales de un lado a otro de la fábrica. Si se encontraban con algún obstáculo como nuestro grupo o alguna minigrúa delante se paraban y esperaban pacientemente a que desapareciese. Totalmente futurista.

Y una curiosidad sobre Hiroko. A mitad del viaje de ida un koreano anunció que iba a lanzar una partida de Mario Kart (Nintendo DS). Hiroko sacó su Nintendo DS rosa y se unió a ellos. Al cabo de unos minutos empiezo a oir quejas por lo bajini del estilo “joer, otra vez ha ganado Hiroko”, “Hiroko, deja un poco para los demás”, “no es posible”, “¿cómo es posible que gane siempre?”. Más tarde la otra chica de la organizadora jugó también un par de partidas al Mario Kart pero aunque en éste no estaba al nivel de Hiroko cuando se puso con el juego de nombrar las prefecturas de Japón acertó 50 sobre 50.

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