Ginza

Tras dejar los jardines del palacio imperial me dirigí hacia Ginza, el barrio “caro” de Tokyo. No me gusta ir de compras y me siento en un mundo diferente del que habitan la gente que se siente a gusto gastándose el dinero en frivolidades así que no llegué a Ginza con muchas más expectativas que la simple curiosidad.


Y qué mejor manera que llegar a Ginza y encontrarte con algo así. Me recordó inmediatamente a Soul Eater, una serie de anime que estoy viendo ahora.

 


Uno de los típicos cruces “todo vale” de Tokyo. Cuando se ponen los semáforos en verde puedes ir a cualquier lado de la intersección, sin tener que esperar a dos o tres semáforos. En el llamativo edificio de enfrente no hay pantallas gigantes pero encima de donde he sacado la foto sí que había un par de ellas.

 


Un edificio que me recordó a mis queridos Kellogg’s Corn Flakes con leche.

 


Un edificio “toalla de baño”.

 


Mezclando Gran Vía y parte de Ortega y Gasset.

 


Otro ejemplo de la limpieza en las calles japonesas. Esto es un callejón entre dos calles no tan principales como por ejemplo las de la foto anterior. No hay bolsas por el suelo ni botellas o vidrios rotos. Me sentía un poco como si estuviera en Matrix o en una ciudad de los primeros videojuegos en 3D, todo tan liso y limpio…

 

Ginza es como el resto de Tokyo, edificios muy altos al lado de edificios muy bajos y japoneses y kanjis por todos lados. Las tres cosas con las que me he quedado de este barrio han sido el mayor porcentaje de mujeres elegantes, las esculturas y edificios surrealistas y las tiendas de lujo.

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