Un año de dieta vegetariana

Hace aproximadamente un año que me hice vegetariano. Desde entonces no como ni carne ni pescado. Mi razón principal para dar ese paso fue la convicción de que una dieta vegetariana es más sana y me daría más energía que “comer de todo”. Ni motivos filosóficos ni compasivos relacionados con los animales fueron determinantes.

Hacer el cambio no me costó nada. Pasé de un día donde podía elegir de entre todos los platos del menú a un día donde ya no. Fue así de simple. No he tenido deseos ardientes de comer carne o pescado desde entonces ni he tenido sueños eróticos con Ronald McDonald.

Efectos que he notado desde que soy vegetariano:

  • Presto más atención a lo que como: me fijo más en si ingiero proporciones adecuadas de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas). Antes lo único que usaba como guía era “que no se repita demasiado el mismo color y no más de 2 o 3 veces seguidas la misma comida”
  • Más dificultad para engordar: no tengo un cuerpo que coja peso fácilmente pero he notado que desde que me he hecho vegetariano coger peso se ha vuelto mucho más complicado, y eso que hasta ayer comía de forma copiosa.
  • Cabeza ligera aunque coma mucho y menos somnolencia: antes comer mucho me hacía tener la cabeza pesada y me dejaba sin energía durante bastante rato. Esto no ha desaparecido completamente desde que soy vegetariano pero solo me ocurre después de comer comida “tamásica” (muy procesada) como por ejemplo una pizza precocinada. Con comida “sana” y fresca puedo comer la cantidad que sea que aunque mi estómago se sienta pesado mi cabeza no lo hace.
  • Más visitas al wc. La dieta vegetariana contiene mucha más fibra así que esto es normal. Personalmente no tengo problemas de ir al wc pero sí he leído sobre personas que tenían problemas de regularidad y que al volverse vegetarianos se les solucionó el problema.
  • No me he vuelto invulnerable a las enfermedades: prueba de ello los 5 días que he tenido que estar en cama con gripe y faringitis hace unos días.
  • Menos dinero que se va en la comida. Aunque como más variedad de alimentos el no tener que comprar carne significa un ahorro importante. En algún sitio leí que para “hacer” 1kg de carne se precisan 100litros de agua. Lógico que luego el precio de la carne sea tan caro.
  • Mayor reluctancia a comer cosas menos sanas o más tendencia a buscar la “opción más sana”. Hace unos días dije adiós a mis queridas pizzas de Casa Tarradella. Están buenas pero después de comerlas mi cuerpo parecía decirme: “Estarás contento, ¿eh?” con una mueca. También he cambiado de cereales de Corn Flakes a Special K, de galletas no integrales a galletas integrales y de pan blanco a pan integral. Fueron decisiones conscientes pero fueron derivadas de los efectos de comer de forma más sana.
  • Durante las últimas semanas tengo la impresión de buscar comer alimentos menos cocinados que más cocinados. Es como si mi cuerpo me pidiese más fruta y ensaladas que pasta o judías aunque esto puede ser una sensación temporal. Definitivamente la comida de varios días o los precocinados se han vuelto bastante menos apetitosos.
  • Mayor deseo sexual: no sé si es porque mis arterias están más limpias, si es por los frutos secos, si afecta el que practique pranayama (ejercicios respiratorios) y meditación con mayor regularidad o si es el frío del invierno pero puedo asegurar que estoy en una de mis etapas de mayor apetito sexual.
  • Sin diferencia en el gimnasio: voy al gimnasio 4-5 días a la semana y no he notado ninguna diferencia en cuanto a fuerza o resistencia, ni para bien ni para mal. Sobre esto comentar que llevaba un año de “baja” por el viaje a Japón así que quizás todavía sea pronto para evaluar posibles cambios. Algo de volumen sí que he recuperado desde que volví pero no demasiado (algo que por otra parte es normal ya que si no cojo kilos y no me sobra grasa es difícil que el volumen aumente).

Tengo intención de ir puliendo mi dieta y aumentando mis escasos conocimientos de nutrición pero en resumen estoy contento de haber hecho el cambio de dieta ya que me siento mucho mejor que antes. No tengo problemas en ver comer carne a otras personas pero la idea de comer carne o pescado se me va antojando poco a poco más desagradable, como si fuera un pequeño acto de canibalismo.

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