¿Somos una mente?

Ya hemos determinado que no somos nuestro cuerpo. Lo siguiente que habitualmente se piensa es que somos nuestros hábitos, nuestra forma de ser, nuestros gustos y disgustos, nuestras creencias. Sin embargo, cuando éramos pequeños es muy probable que no tuviéramos los mismos gustos que ahora, no creyésemos en las cosas que creíamos de pequeños, y casi con toda seguridad que no tenemos los mismos hábitos. Toda nuestra estructura mental ha cambiado desde entonces. Y dentro de unos años algunos rasgos de nuestra personalidad se acentuarán más, ciertos hábitos dejarán paso a otros y las cosas que nos gustan y disgustan también cambiarán. Sin embargo, aunque nuestra mente cambia sabemos que seguimos siendo la misma persona.

La mente es algo sujeto a cambio. Cuando la gente dice que una persona no cambia, si se refieren a los hábitos o la forma de ser están equivocados ya que, aunque algunos hábitos sean más difíciles de cambiar que otros, es algo mutable y por tanto sujeto a cambio.

En conclusión, tampoco somos nuestra mente. Esta idea también debería resultar gratificante ya que, seamos lo que seamos, no dependemos ni de nuestro cuerpo ni de nuestra mente para ser.