Náufragos II

(Leer primera parte de Náufragos)

Mirando en dirección a ésta se podía apreciar un enorme acantilado de varios metros de altura. En la pared del ancatilado, a varios metros de altura, se podía ver la entrada a una gruta que se internaba tierra adentro. No podrían haber hecho nada para examinar la isla a no ser por las botas de Lanzarote. En verdad Lanzarote las tenía aprecio. Las había conseguido hacía unas semanas, después de empalar cariñosamente a su poseedor. Lo que tenían estas botas de especiales era que con ellas Lanzarote podía levitar. Esto unido a su antinatural fuerza le convertían en una grúa móvil útil en ocasiones como la que se les presentaba. Levantó uno a uno a sus compañeros y los llevó hasta la entrada de la gruta excepto a Duder que insistió en subir por su propia cuenta y riesgo.

_No necesito a Lanzarote para llegar a esa gruta. Puedo hacerlo yo solo.

Y empezó a escalar la empinada pared del acantilado. Estaba hambriento y no poseía sus instrumentos de escalada. Al llegar a la mitad del recorrido estuvo a punto de resbalar y caer, pero Lanzarote le echó una mano. Duder era un cabezota pero todavía le quedaba algo de sentido común. Al final todos llegaron sanos y salvos a la entrada de la gruta.

rocky_skylight_by_tasermons.jpg

Lanzarote empezó entonces a examinar las paredes con su racial predisposición a ese dicho tipo de tareas:

_Las paredes estan muy trabajadas y la pared exterior está más o menos uniforme. Alguien o algo ha tenido que hacerlo. Y puestos a hacer suposiciones yo…

Un sonoro rugido que llegó desde la oscuridad interrumpió sus palabras.

_¿Qué… qué ha sido eso? –preguntó Kit medio histérica.

_¿Realmente lo quieres saber? – ironizó Duder-. Personalmente creo que será menos peligroso si salimos y subimos a ver qué hay por la parte de arriba. A no ser, claro está, que alguien quiera conocer al dueño de ese rugido.

_Duder tiene razón. Será mejor que salgamos de aquí, pero por vosotros ya que yo no…

landscape_.jpgUn nuevo rugido surgió del interior de la cueva interrumpiendo a Antilius. Este nuevo rugido se oía mucho más cerca. Sin mediar palabra y al únisono se apresuraron al borde de la gruta y sin que nadie le dijera nada Lanzarote empezó a subirlos a todos, incluido Duder. El terreno en lo alto del acantilado estaba formado por enormes y altas rocas separadas formando un laberinto de lo que podríamos llamar proyectos de sendas.

_Vaya, parece que hemos dado con una importante ruta comercial –comentó Antilius sarcástico.

_Sí. Pues ya podemos seguir; así que será mejor que lo hagamos antes de que el monstruo de la cueva decida salir –dijo Kit.

El grupo se internó a través de los inexistentes caminos.

 

Continuará..
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