Llegada al CERN

Hace ya unos días que he llegado al CERN pero hasta hace unos minutos no he tenido acceso a Internet desde mi portátil.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Ginebra, mucho más pequeño que el de Barajas por cierto, y recoger la maleta me encontré con una amiga que me había ido a esperar. Ya al coger el autobús me llamó la atención el hecho de que, al igual que lo que me encontré en Japón, la gente espera que cumplas las normas y compres el billete y no hay una comprobación activa de que realmente las cumplas. En ningún autobús de todos a los que he subido durante estos días he visto al conductor controlar si la gente tenía el billete que debía tener.

Llegamos a una de las entradas del CERN y tras despedirme de mi amiga fui a recoger la llave del hostal donde me voy a alojar, el “edificio 38”. Mientras rellenaba el formulario entraron a la oficina del guarda un par de mujeres de habla inglesa que le intentaron explicar al guarda si era necesario algún tipo de tarjeta de visitante o algo parecido. Después de varias modificaciones a la frase original hallaron una que el guardia francés comprendió. Mis temores de ser el que peor inglés hablaría del CERN se esfumaron rápidamente.

Acabé de rellenar el formulario, recogí mi llave del hostal de cerca de 300 gramos y me fui en busca del edificio en cuestión. A medida que me alejaba de la entrada empecé a ver edificios industriales y a escuchar el sonido de enormes turbinas en contínuo funcionamiento. Era sábado por la tarde pero todos los edificios parecían estar con las luces encendidas y plenamente operativos. Parecía un escenario sacado del Counter-Strike.

Finalmente encontré el edificio 38 y esta es la pinta que tienen las habitaciones:

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Y esta es la vista que tengo desde mi ventana:

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Desde el cuarto oigo el susurro del viento al pasar entre las hojas, pajaritos cantando y las turbinas anteriormente mencionadas de fondo.

Por cierto, desde que me bajé del avión el agradable olor a naturaleza, plantas y árboles me llamó la atención. Me hace sentir que tengo una nariz nueva…

Como última anécdota comentar que tanto en los papeles de “bienvenido a tu habitación” y en los que hay pegados en puertas y paredes hay mensajes del estilo: “Cuidado, llévate la llave contigo siempre y no dejes nunca abierto” (data de 1999) y “No hacer ruido, aquí la gente trabaja tanto de día como de noche por lo que necesitan dormir de noche _y_ de día”, silencio por favor.

Tras dejar las maletas me fui a dar un paseo por Ginebra pero sobre esto hablaré en la próxima entrada.

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