Qué es la atención y cómo cultivarla

La atención es consciencia dirigida. Somos consciencia. Aunque nuestro cuerpo cambie y nuestra mente cambie lo único que permanece inalterable es esa sensación de ser, ser consciente de ser el espectador de la película que se desarrolla delante de nuestros ojos.

Cuando esos ojos internos se posan sobre algún objeto decimos que estamos atentos. Cuando los ojos se posan sobre cien mil cosas a la vez decimos que tenemos síndrome de déficit de atención (o también “que estamos navegando”).

Cultivar la atención

La conciencia no se puede cultivar, somos o no somos consciencia, no hay gradación. Podemos tener la mente tan concentrada en algo que nos olvidamos de ese espectador pero eso no elimina al espectador.

Sin embargo la atención sí que se puede cultivar por medio de ejercicios entrenándonos a prestar nuestra atención sobre objetos de poco interés. La atención está muy ligada a la concentración y los ejercicios que sirven para una generalmente también desarrollan la otra.

¿Qué ganamos cultivando la atención?

(Tarea tediosa donde las haya, dicho sea de paso)

Se gana capacidad de concentración. Y tener la capacidad de extraerte del mundo y prestar tu atención y concentrarte sobre un único asunto es una de las mayores delicias que existen.

Las cosas que experimentamos, leemos u oímos cuando nuestra atención es máxima se quedan grabadas mucho mejor que si estuviésemos con la atención letárgica o mirando a las musarañas.

Además a medida que practicamos nuestra capacidad de atención ésta se va fortaleciendo progresivamente hasta que somos capaces de lograr cosas que a ojos de otras personas son magia o “imposibles” de hacer.

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