Ginebra de noche

Una vez dejé las maletas en el hostal me fui a dar una vuelta por Ginebra con una amiga. Mientras nos dirigíamos hacia el centro de esta ciudad de menos de 200.000 habitantes pude ver lo heterogénea que es la ciudad. Se podían ver asiáticos, árabes, “europeos”, africanos, hindúes. Nunca antes había visto tanta mezcla junta.

 

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Después de dar un paseo por el centro y de comer una especie de fajitas libanesas en un pequeño restaurante libanés llegamos al lago Ginebra. En el centro del lago hay un altísimo chorro de agua que se construyó inicialmente para ayudar en unas obras pero los habitantes le acabaron cogiendo cariño y ahora es uno de los símbolos de la ciudad.

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El lago Ginebra y al fondo más Ginebra.

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Fondo de quien escribe estas líneas frente a un reloj de flores “plantado” por primera vez en 1955.

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El casco antiguo de Ginebra está repleto de edificios con aire a siglo diecinueve. Mi amiga me comentó que para mantenerlos en tan buen estado tienen que estar en restauraciones continuamente. La mayoría de las tiendas con las que nos cruzamos en el casco viejo eran de lujo. Los escaparates estaban exquisitamente decorados con cálidas luces rojas, todo limpio como una patena y perfectamente ordenado. Supongo que si hubiese sido de día y hubiese entrado a preguntar precios me habría asustado. En cualquier caso para un amante de la edad media como yo escenas como la que corona estas líneas son un verdadero regalo.

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Un anónimo edificio oficial de una de las plazas por las que pasamos. A las once de la noche las calles ya estaban desiertas.

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Y para terminar esta entrada así es Ginebra vista desde otra parte del lago. El edificio del centro es uno de los innumerables hoteles de cinco estrellas que tanto abundan. Mi amiga me comentó que Ginebra es para el mundo árabe (especialmente Emiratos Árabes) algo así como la costa del sol para Inglaterra, Alemania y Francia con la diferencia de que cualquiera puede permitirse un viaje a la Costa del Sol pero no cualquiera puede permitirse uno a Ginebra. También me comentó que no entendía cómo era posible que se mezclase tanto lujo esquina con esquina con calles conocidas por su prostitución.

Fue un bonito paseo pero tengo que volver para ver cómo es la ciudad de día.

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