Clamor de Justicia (I)

La siguiente historia está basada en las partidas que jugué con mi hermano al D&D 4ª Edición este verano.

_Y después de eso estuvimos dando vueltas por la jungla durante una semana. Pijus no volvió a ser el mismo después de esa experiencia. ¡Jajaja!

Klapaucius, Ordon, Link y Barack siguieron escuchando con pretendido interés al viejo soldado mientras le rellenaban la jarra de cerveza disimuladamente. Éste siguió hablando y hablando durante una hora más hasta que el grupo decidió que ya habían recogido suficiente información.

_¿Tanta cerveza para que solo nos diga que la hija del patricio se casa dentro de tres días y que el perdido hermano del jefe de la guardia ha vuelto a casa por navidad? -bramó entre susurros Ordon, el reprimido y sarcástico elfo guardabosques.

_Creo que está muy borracho para oirte pero todavía no ha salido de la posada, por favor, que es un viejo amigo -suplicó Klapaucius, el clérigo elfo habitante de Villa Patricio-. Voy a acompañarle porque veo que está que se cae, ahora vengo.

_¡¡¡Ave el… AGGGGGJJJJJJ!!! -gritó el viejo soldado mientras un zombie que acababa de atravesar la puerta de la tarberna le estampaba un pétreo puñetazo que le mandó inconsciente contra unas mesas.

El resto del grupo se dio la vuelta y mientras Klapaucius se encargaba del zombie boxeador el resto del grupo tomó posiciones y la gente normal que había dispersa por la taberna dejaron espacio suficiente entre ellos y los zombies para que el grupo luchase a gusto. Los zombies que seguían entrando por la puerta iban cayendo a manos del grupo y ni los que entraron por la ventana pudieron hacer mucho por cambiar las tornas.

Ordon, un hechicero de pocas palabras, que tenía lo que sus compañeros consideraban una atracción insana por la pirotecnia, dejó de lanzar sus habituales bolas inertes de energía al ver a tanto zombie amontonado y decidió usar su ráfaga abrasadora. Una llamarada salió disparada de sus dedos tostando a los zombies que seguían en pie y prendiendo fuego a la posada.

El posadero apareció enseguida una vez la amenaza zombie desapareció y, amablemente, instó al grupo a ayudarle a apagar el fuego. Por alguna razón que el DM no lograría nunca entender el grupo se negaba rotundamente a ayudar al pobre posadero. Tras varias súplicas al final acabaron cediendo y entre todos lograron apagar el fuego. Una vez colocaron las mesas y sillas que quedaban en pie el posadero les invitó a una ronda de cervezas como agradecimiento por haber echado a los monstruos y no haber acabado con la posada.

1911

Mientras los PJs se tomaban su cerveza un par de guardias atravesaron el marco donde hasta hace unos minutos hubo una puerta:

_¿Qué ha pasado aquí?

(Continuará)