Adiós al tiempo

Primero fue la agenda, después el pantalón y ahora el reloj. Me lo he tomado como una indirecta para no darle tanta importancia a la productividad y al tiempo. Definitivamente desde que se me rompió ya no cuento los minutos que tardo en llegar a la universidad, no me miro tanto la muñeca y el cielo, aunque pesa, llueve y empieza a hacer un frío de narices, todavía no se ha caído sobre mi cabeza.

¿Cuanto control sobre vuestra vida le cedéis a vuestros relojes? ¿Lleváis reloj? ¿Es más una arandela alrededor de la muñeca que un chivato que te recuerda que cada segundo que pasa es segundo que no vuelve?

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